Jonathan Menkos

+ democracia + desarrollo + igualdad

Un sábado para nuestra pobre élite

Desde abril de 2015, la sociedad guatemalteca ha estado muy al pendiente de lo que hacen los políticos en los tres poderes del Estado. Sin embargo, ha pasado por alto que la élite empresarial es también parte de nuestros problemas sociales.

Aglutinada desde hace mucho tiempo en Cámaras, nuestra élite no ha sido permeada ni por la democracia, la equidad de género o el cambio climático. Sus voceros son casi los mismos que han estado al frente desde hace más de veinte años, sin compartir espacio con nuevas y modernizantes expresiones empresariales. Son los mismos y sus mensajes no han variado y es que, en ese ostracismo rancio, nuestros pobres ricos ni siquiera asumen su responsabilidad de élite ante el incremento de la pobreza en el país, la violencia o la corrupción.

Por otro lado, con la bien construida idea mediática de darle a la administración pública una autonomía política, esa élite empresarial se reparte espacios de poder público desde donde su mano privada puede capturar al Estado y hacerlo su sirviente: Junta Monetaria, la Superintendencia de Administración Tributaria, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), la Agencia Nacional de Alianzas para el Desarrollo de Infraestructura (Anadie), el Instituto Nacional de Electrificación (Inde), el Programa Nacional de Competitividad (Pronacom), y la Unidad Ejecutora de Conservación Vial (Covial), entre otros.  Muchos de los más graves actos de corrupción que hoy conocemos están relacionados con algunas de estas instituciones. Sin embargo, con excepción del caso IGSS-Pisa, el desgaste ha recaído sobre la institucionalidad pública y sus funcionarios. La élite ha sido librada de cualquier castigo.

Cuando el apetito los desinhibe de utilizar la sutileza de su «mano invisible» manipulando asuntos públicos, sectores particulares de la élite se apropian abiertamente de instituciones tales como el Ministerio de Economía, de Trabajo o Agricultura o del Pronacom. El conflicto de interés no vale nada: está bien ser ministro y además ser empresario de maquilas y exigir más privilegios fiscales para el sector, o proponer rebajas al salario para poder quedar bien con el gremio exportador.

Traigo todo esto a colación porque han aparecido notas de prensa y columnas que señalan la necesidad de continuar teniendo manos privadas en el directorio de la administración tributaria, así como discursos en los que grandes empresarios se rasgan las vestiduras por la galopante corrupción dentro del Estado y los altos impuestos que deben pagar en un país con una carga tributaria cercana al 10%.

Con su mirada codiciosa y su poder en el actual y anodino gobierno, la élite de este país continúa conduciendo a Guatemala hacia un deterioro tal de la gobernabilidad, económica y social, que quizá no se pueda revertir por medios democráticos. Su visión de finca, afecta a todos: a los trabajadores y a los desempleados, a los jóvenes y a los viejos, a los empresarios que no son parte de la élite y a los pocos políticos y funcionarios que respetan su rol de servidores públicos.

A como van las cosas, si no organizamos un sábado para exigirles estar a la altura del siglo veintiuno y de la democracia, dentro de pocos meses, además de los privilegios fiscales que ya tienen, del salario diferenciado que exigen, de los ríos que desvían a su antojo, nos tocará organizarles una teletón para que puedan comprarse sus helicópteros, sus mansiones, sus guardespaldas y sus lobistas en el gobierno y en el Congreso.

Anticipémonos a esto y organicemos un sábado para hacerles saber que queremos construir un Estado que avance hacia un modelo de desarrollo cimentado en la construcción de la equidad; un crecimiento económico con respeto al medio ambiente y distribución justa de la riqueza a través del salario; instituciones efectivas, que generen reglas claras y universalistas, que no se prostituyan ante ningún poder. Es decir, un Estado sujeto a los principios de la democracia y no subordinado a los intereses de gremios económicos particulares. ¡Vámonos patria a caminar!


Una versión de esta columna de opinión ha sido publicada por la revista Contrapoder, en su edición del viernes 26 de febrero de 2016.

Imagen tomada de: http://www.nationofchange.org/

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Esta entrada fue publicada en 26 febrero, 2016 por en Democracia, Sin categoría y etiquetada con , , , , , .

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