Jonathan Menkos

+ democracia + desarrollo + igualdad

Relatos en disputa (parte I)

(CIUDAD DE  GUATEMALA, 7OCT18).  Todas las sociedades están basadas en relatos, es decir, elementos materiales e inmateriales con los que se procura que la mayoría de sus miembros se sientan parte o se adapten a ella. El relato dominante se basa en las ideas sobre cómo debe ser el mundo según aquellos que poseen el poder —económico, religioso y político— e impregnan todo con el fin de conservar intacto el estado de las cosas.

El relato dominante construye una narrativa sobre qué derechos protegerá la sociedad, qué valores éticos se promoverán y hasta cómo y para qué se financia lo público. A la par del discurso se toman acciones: por ejemplo, las coberturas y calidades de los servicios públicos, las ideas y agendas de los partidos políticos, la independencia judicial y de los medios de comunicación, la estructura tributaria, la distribución de la riqueza, y el rol de lo público y lo privado.

Todos los fenómenos sociales están influenciados por el relato dominante, y siempre hay relatos en disputa, formas de ver el mundo que se enfrentan en la arena política: la clase trabajadora que lucha por mejores condiciones, grupos de campesinos organizados para exigir al Estado tierra para cultivar y una forma diferente de comprender el desarrollo, élites empresariales que desean tener puerta libre para explotar personas y naturaleza, fundamentalistas religiosos que desean imponer sus ideas. Estas disputas son normales en toda sociedad y, regularmente, quienes dominan logran crear en los ciudadanos, mediante la ignorancia, la violencia o el temor al cambio, condiciones favorables para que su relato sea hegemónico frente al resto. Sin embargo, desde 2015, la lucha contra la corrupción ha abierto una pequeña grieta para que los guatemaltecos observen cómo el relato vigente favorece a unos pocos empresarios, políticos y militares, por la vía de la corrupción, el privilegio, la impunidad y la precarización de la mayoría. Por este nuevo conocimiento social es que hoy tenemos una disputa entre dos grandes relatos: el dominante —neoliberal, racista y fundamentalista—, y el democrático y disruptivo.

Quienes han construido el relato dominante actual, en sus inicios lograron que la administración pública invisibilizara a la población indígena, campesina y rural, convirtiéndolos en “los otros”, mientras les robaba las tierras comunales, les convertía en mozos de finca e intentaba acabar con su identidad. Después, el relato promovió la guerra contra el enemigo interno: cualquier voz contraria al statu quo. Miles de demócratas fueron asesinados: dirigentes de la clase obrera, políticos, indígenas y campesinos, y también asesinaron inocentes con tal de infundir terror. Mientras tanto se masificaban los dogmas individualistas y clasistas impulsados desde el neopentecostalismo y el Opus Dei. Con el correr del tiempo, ese mismo relato creó las condiciones para la privatización de lo público, bajo el fetichismo de la libre elección, cercenando las posibilidades de construir una administración púbica efectiva para la democracia y consolidando caminos para un sistema de gobierno basado en la corrupción.

Hoy en día, el relato dominante pretende defender la corrupción y la violación del marco democrático. Los que dominan fortalecen a un presidente corrupto que intenta restituir el orden de las cosas hasta antes de 2015; se intimidan jueces y defensores de derechos, mientras se aumenta la militarización de las calles y se intenta desde el Congreso de la República hacer leyes que les sigan brindando impunidad a los corruptos. También se tocan las emociones básicas de las personas: los valores de una familia idílica e inexistente, la soberanía, el temor ante los grandes cambios de época; la idea infundada de que la lucha contra la corrupción nos daña a todos; y el discurso de que todos y todo está tan mal que será imposible remediarlo. No es extraño que los defensores (hacedores) de este relato estén en las cámaras de la Industria y del Agro, principales accionistas del pacto de corruptos con el que se han enriquecido a lo largo del tiempo, y al que han sumado, según sus necesidades, a religiosos rancios, militares genocidas y políticos podridos.

Quienes dominan emplean ahora las más sucias estrategias con tal de que los guatemaltecos no se sumen al otro relato: al que exige democracia, igualdad y justicia mediante la construcción de un Estado en el que quepamos todos, sin privilegios.


Una versión de esta columna de opinión ha sido publicada por Prensa Libre en su edición del martes 09OCT2018.

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Un comentario el “Relatos en disputa (parte I)

  1. Pingback: Relatos en disputa (parte II) | Jonathan Menkos

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Esta entrada fue publicada en 11 octubre, 2018 por en Democracia, Sin categoría y etiquetada con , , , , .

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